La relación entre la Argentina y México no es la mejor. Las diferencias ideológicas entre los gobiernos de los dos países son evidentes y eso hace que todo se complique. Eso es lo que está pasando con las negociaciones para renovar el acuerdo de libre comercio bilateral del sector automotor que está caído desde hace tres meses.
Es cierto que la presidenta Claudia Sheinbaum está concentrada en los problemas comerciales que tiene con Estados Unidos y la aplicación de restricciones por parte de Donald Trump, que afectan directamente a su industria automotriz.
Por este motivo, lo que suceda con la Argentina pasa a segundo plano. Sin embargo, para las automotrices locales, la demora en llegar a un acuerdo son prioridad, ya que se podría cortar el abastecimiento de vehículos desde ese país de varias marcas.
El convenio entre ambos países establece la libre importación sin pago de arancel hasta un cupo determinado. En este caso, como es un país fuera del Mercosur, el arancel extrazona que debería pagar es de 35%. Mientras no se exceda del cupo autorizado, la importación de autos es sin recargo fiscal. Si se supera, los autos que se importen deberán tener que pagarlo.
Este convenio – técnicamente se llama Acuerdo de Complementación Económica N 55 del Mercosur – se renueva anualmente y su última actualización fue en abril de 2025. El monto establecido para el cupo es de u$s773 millones en base al valor FOB de los vehículos. Este valor es para el total para las importaciones que haga cada país. Si se toma un valor FOB promedio de u$s20.000 por modelo, el monto disponible equivale a la importación de unas 27.000 unidades. El acuerdo venció el 18 de marzo y en la actualidad no está vigente.
Durante los meses previos, México se vino mostrando inflexible a los pedidos de la Argentina de ampliar el comercio de otros productos del sector agropecuario, en el marco del ACE 6. Los funcionarios del gobierno argentino fijaron una posición firme ante sus pares mexicanos y reafirmaron que no se avanzará en el ACE 55 (el de autos) si no se destraban los otros rubros. La idea es buscar compensar la balanza deficitaria para la Argentina de sector automotor con el aumento de las exportaciones de productos del sector agropecuario que les vende la Argentina.
Las posiciones hoy están estancadas en esta puja. En la práctica, México le exporta autos a la Argentina, mientras que desde las automotrices locales es excepcional la exportación de 0km a ese país. Por este motivo, la caída del acuerdo comercial perjudicaría a los fabricantes mexicanos de autos.
A mediados de abril, según lo publicado por A Rodar Post, la Cancillería argentina había recibido un mensaje de sus pares mexicanos para volver a sentarse en la mesa de negociación. En ese momento, se realizaron conversaciones informales, ya que no hubo un llamado oficial para negociar.
El problema es que, al haberse caído el acuerdo, los vehículos que se importen desde ahora deberán pagar el arancel externo de 35% por considerarse de extrazona. La lista de autos afectados es importante, pero hay modelos, por su volumen, más complicados que otros. Desde México, a través de este beneficio arancelario, por ejemplo, llega el Volkswagen Taos, que se dejó de fabricar en la Argentina a mediados de año y ahora se importa desde ese país. Es un vehículo que solía estar entre los más vendidos. También otros autos de la misma marca como Tiguan y Vento.
Otro caso importante es el de Nissan. La marca japonesa dejó de producir en Córdoba la pick-up Frontier y planea traerla desde México, gracias al beneficio arancelario que existía. También importada desde ese mercado los modelos Sentra y Versa.
Pero hay más ejemplos. Ford importa la pick-up Maverick y el SUV Bronco Sport, Stellantis la RAM 2500, Honda el ZR-V, BMW el Serie 3, Kia el K3 y K4 y Chevrolet la pick-up Silverado.
Todos estos autos, si se importaran hoy, deberían pagar el 35% de arancel y eso significaría un encarecimiento del precio. Hay que tener en cuenta que el incremento hipotético de precio no es lineal. Es decir, no aumentarían el 35%, ya que el arancel no se cobra sobre el valor final del producto, sino sobre el valor que llega al puerto y antes de otros impuestos. De todas formas, el impacto al público podría ser de alrededor de 20%.
Cuando se cayó el acuerdo, las automotrices locales explicaron que tenían un margen de tres o cuatro meses de inventario. Como se sabía que la situación venía complicada, las empresas anticiparon algunas importaciones para aumentar su stock y prevenirse de una caída del acuerdo.
De todas maneras, a medida que pasa el tiempo y la preocupación de las automotrices afectadas va en aumento. Ante esta situación, el Gobierno argentino está buscando acelerar las negociaciones para llegar a un acuerdo. El último movimiento se produjo a fines de mayo. Desde la Cancillería argentina se hizo un pedido formal para realizar una reunión de forma presencial para avanzar en las negociaciones. Paralelamente, desde la asociación que agrupa a las automotrices (ADEFA), el 29 de mayo se envío una nota a sus pares mexicanos, agrupados en AMIA, para buscar consenso para un acuerdo.
La idea de la Argentina, en el caso de realizarse la reunión, es presentar una nueva propuesta que tendría una reducción de los cupos de exportación de productos agropecuarios argentinos para calmar los cuestionamientos de los productores mexicanos de ese sector. Esta propuesta no fue enviada con el pedido de reunión, sino que le presentaría en un encuentro ´´cara a cara´´ entre las dos delegaciones.
Por el momento, no hubo respuesta del gobierno mexicano, lo que genera preocupación del lado argentino por el temor de que se produzca el desabastecimiento de vehículos, ya que un posible acuerdo va a demandar más tiempo de lo previsto.
