En medio de una creciente disputa entre los gigantes automotrices chinos por el liderazgo tanto dentro de su mercado doméstico como en el escenario internacional, la competencia entre compañías como Geely y BYD se ha intensificado hasta niveles inéditos.
Rebajas agresivas de precios, expansión en mercados extranjeros y estrategias industriales divergentes marcan una nueva etapa en la industria, donde la lucha por ganar escala y rentabilidad redefine el futuro del sector.
En ese contexto de rivalidad creciente, Geely, el segundo mayor fabricante de automóviles de China, decidió avanzar con un profundo proceso de reestructuración industrial que contempla el cierre, la suspensión temporal, la fusión o la venta de instalaciones productivas consideradas redundantes.
La medida se produce en un escenario complejo para el sector automotriz global, marcado por un exceso de capacidad productiva y una intensa guerra de precios que viene erosionando la rentabilidad de las compañías.
El anuncio fue realizado por Li Shufu, presidente de Geely Auto, durante el China Auto Chongqing Forum 2026, donde dejó en claro que la etapa de crecimiento acelerado de la capacidad industrial quedó atrás y que el nuevo foco estará puesto en la consolidación y la eficiencia del negocio.
La decisión de la compañía no surge de manera aislada. El contexto del mercado resulta determinante para comprender el alcance de este giro estratégico. Desde mayo de 2026, la industria automotriz —especialmente en China— atraviesa una competencia cada vez más agresiva en precios, impulsada por fabricantes como BYD, Geely y Leapmotor, que han reducido valores en múltiples modelos con el objetivo de preservar o ampliar su participación de mercado.
En el fondo de este fenómeno aparece un problema estructural: la sobrecapacidad. Durante años, los fabricantes, en particular los chinos, ampliaron sus instalaciones industriales anticipando una expansión sostenida en la demanda de vehículos eléctricos. Sin embargo, ese crecimiento no se materializó al ritmo esperado y hoy la industria cuenta con más plantas de las que puede utilizar de manera rentable. [2]2
El propio Li Shufu ha advertido que el sector atraviesa “graves problemas de sobrecapacidad”, una situación que obliga a reformular estrategias. En lugar de continuar invirtiendo en nuevas fábricas, Geely optó por priorizar la disciplina financiera y mejorar la eficiencia operativa mediante una reorganización interna.
El plan delineado por la automotriz abarca diferentes frentes. Por un lado, la empresa resolvió detener la construcción de nuevas plantas hasta que el desequilibrio entre oferta y demanda se normalice. Al mismo tiempo, llevará adelante una auditoría completa de sus activos industriales con el objetivo de identificar cuáles unidades deberán cerrarse, cuáles pueden ser suspendidas temporalmente, cuáles conviene integrar y cuáles podrían ser vendidas.
Esta reestructuración también se complementa con una estrategia corporativa más amplia denominada “One Geely”, que busca reducir la superposición entre las distintas marcas del grupo y aprovechar economías de escala mediante una mayor integración de recursos, tanto en investigación como en producción y comercialización.
Mientras Geely adopta este enfoque más conservador, otras compañías del sector siguen caminos diferentes. El caso de BYD resulta paradigmático. La empresa, considerada líder en el segmento de vehículos eléctricos y de nuevas energías, mantiene una estrategia más agresiva tanto en expansión como en precios, lo que la posiciona como uno de los principales impulsores de la competencia en el mercado chino.
Sin embargo, ni siquiera BYD ha logrado mantenerse al margen de las dificultades del sector. Durante 2025, la compañía registró una caída del 19% en su beneficio neto, que se ubicó en 32.600 millones de yuanes (unos 4.720 millones de dólares), en un contexto de fuerte competencia interna y debilitamiento del consumo.
El retroceso fue mayor al previsto por los analistas, quienes estimaban una baja más moderada. A su vez, los ingresos crecieron apenas un 3,5%, lo que representó el ritmo más débil en seis años. Esta situación llevó a la empresa a ajustar su estructura, incluyendo una reducción del 10,2% en su plantilla, que cerró el año con 869.622 empleados.
Entre los factores que explican este desempeño aparece la misma dinámica que afecta a todo el sector: la guerra de precios en China y el avance de competidores como Geely y Leapmotor, que han logrado ganar terreno en el mercado.
En contraste, Geely logró mejorar sus resultados en ese mismo período, con un crecimiento del 36% en sus beneficios netos durante 2025, lo que refleja cómo algunas compañías han sabido adaptarse mejor al nuevo escenario competitivo.
A pesar del ajuste en su estructura productiva dentro de China, Geely no planea frenar su expansión internacional. Por el contrario, la compañía continuará desarrollando nuevos mercados, aunque con un enfoque más selectivo. La estrategia apunta a utilizar infraestructura existente, incluso fuera del país, para sostener el crecimiento sin incurrir en nuevas inversiones masivas en capacidad industrial.
De este modo, el movimiento de Geely sintetiza un cambio de etapa en la industria automotriz global: del crecimiento acelerado impulsado por expectativas sobre la electromovilidad a una fase de racionalización, donde la eficiencia, la consolidación y el control de costos pasan a ser factores clave para la supervivencia.
