En noviembre pasado tuve la oportunidad de manejar la pick-up RAM Dakota, de producción nacional, durante su lanzamiento en Ushuaia. Fueron tramos de ruta, tierra y barro, en el contexto que impone la naturaleza del lugar (ver nota). En cambio, ahora, volví a manejar la versión Laramie en un ámbito, primordialmente, urbano. Como un vehículo para todos los días. Fue una buena experiencia para evaluar su desempeño. A continuación, dejo la impresión que me causó este modelo de Stellantis.
1 – La nueva RAM Dakota irrumpió en el mercado argentino con el peso simbólico de un nombre histórico y la responsabilidad de reinterpretar una plataforma conocida para transformarla en un producto con identidad propia. Aunque su base estructural proviene de la Fiat Titano —y, en un linaje más profundo, de la Peugeot Landtrek y la Changan Hunter— la marca trabajó con decisión para que la pick up transmita desde el primer vistazo el ADN RAM.
2 – El diseño exterior, donde la trompa adquiere un protagonismo absoluto, con una parrilla imponente, los cromados de la versión Laramie y la firma lumínica, le otorgan una presencia que la acerca visualmente a Rampage y a la 1500. La Warlock, por su parte, adopta un estilo más duro, con llantas oscurecidas, neumáticos de mayor perfil y barra deportiva, reforzando su perfil off road. Más allá de las diferencias estéticas, ambas comparten proporciones generosas y una caja de carga amplia y práctica, con detalles como el portón amortiguado, la cerradura eléctrica y la iluminación LED que facilitan el uso cotidiano.
3 – El interior es el espacio donde la Dakota se luce como una pick-up moderna y tecnológica. El panel de instrumentos y todo el frontal se destaca por su calidad y la presencia de materiales blandos en la parte superior, un rasgo poco habitual en las pick ups medianas producidas en la región. La posición de manejo es cómoda gracias a la butaca eléctrica y al volante con doble regulación, aunque el comando lateral del tablero digital exige cierta adaptación. Aun así, la cabina ofrece un ambiente confortable tanto para el uso urbano como para los viajes largos, con una dotación tecnológica que eleva la experiencia: pantalla multimedia de 12,3 pulgadas, tablero digital de 7”, climatizador bizona, cargador inalámbrico, cámara 360° y acceso sin llave.
4 – Está claro, después de unos meses en el mercado, que la motorización es uno de los puntos más debatidos. El conocido 2.2 turbodiésel de 200 CV y 450 Nm, combinado con la caja automática de ocho marchas y el sistema de tracción con modos 4×2, 4×4 automático y 4×4 baja, puede parecer a poco para muchos fanáticos de la marca.
5 – Más allá de lo contado en la nota del lanzamiento, en noviembre, la Dakota me confirmó que responde con solidez desde bajas revoluciones. Es posible que el usuario tradicional de RAM pueda esperar un plus de potencia o una mecánica distintiva, y es allí donde la Dakota queda un paso por detrás de lo que su imagen promete. Aun así, el conjunto funciona con coherencia y aprovecha bien la calibración del chasis. Puntualmente, el manejo urbano – que era el que más me interesaba ahora – muestra claramente que la Dakota está pensada para el confort. Es una mole, desde el punto de vista estructural, pero se maneja como un auto mediano o un SUV. La dirección es un placer y uno se olvida que está en una pick-up. El sistema de amortiguación es otro punto a favor. Tal vez el capot alto, con esas molduras en relieve, le quite un poco de visibilidad cuando se maneja en el tránsito urbano. Puede ser, pero es cuestión de tomarle la mano o buscar una posición de manejo más elevada. El sistema de cámaras 360 o 540, como la llaman, es muy bueno. Si en los caminos angostos y rodeados de piedras de Tierra del Fuego fue muy útil, también es una gran ayuda cuando hay que moverse en lugares cerrados o estacionar en espacios reducidos. El motor tiene el sonido característico de un diésel, pero muy suave, algo que en la ciudad es una ventaja. La cabina es muy silenciosa. Parte de su buen andar está en que calce cubiertas más pensadas para el asfalto que para el off-road. En esto se afirma su espíritu urbano. En estos días que la manejé fue una ventaja. Cuando se sale a la tierra o el barro, no son la mejor elección.
6 – La Dakota mantiene el equilibrio general de su plataforma. En ruta se muestra firme y estable, con un aplomo que transmite seguridad. Fuera del asfalto, el bloqueo de diferencial y la reductora permiten encarar maniobras exigentes con solvencia, especialmente en la variante Warlock, que saca provecho de su configuración más orientada al off road. Esto fue probado en los caminos patagónicos, como ya conté.
7 – El consumo en ruta, a 100 km/h, rondó los 7 litros cada 100 kilómetros, mientras que a 130 km/h subió a cerca de 9 l/100 km. En el ámbito urbano, demandó entre los 10 y 11 litros cada 100 kilómetros.
8 – En materia de equipamiento de confort, la Dakota ofrece climatizador bizona con salidas traseras, acceso y arranque sin llave, sensores de lluvia y luz, cargador inalámbrico, cámara 360°, freno de mano eléctrico, tapizados de cuero, tablero digital de 7 pulgadas y una pantalla multimedia de 12,3 pulgadas.
9 – En seguridad, cuenta con seis airbags y un paquete ADAS completo, con control crucero adaptativo, frenado autónomo con detección de peatones y ciclistas, monitoreo de punto ciego y alerta de tráfico cruzado trasero, este último exclusivo de la Laramie.
10 – El precio de la RAM Dakota Laramie es de $72.070.000 y cuenta con una garantía de 5 años o 150.000 kilómetros.
