La automotriz china BAIC planea instalar la mayor red de cargadores para autos eléctricos de Argentina

Redaccion

La infraestructura de carga para autos eléctricos en la Argentina avanza, pero lo hace con un ritmo que todavía no acompaña el crecimiento potencial del mercado. Por el momento, se transita una etapa de transición en la que conviven el interés creciente por la movilidad sustentable, la necesidad de reducir emisiones y un entramado energético que aún no logra ofrecer una red de cargadores amplia, confiable y distribuida de manera equilibrada.

En este contexto, la marca de autos Baic (Beijing Automotive Industry Corp) que pertenece al Estado chino y es el mayor accionista mundial de Mercedes Benz, mantiene conversaciones con las empresas de electricidad de Argentina para instalar en todo el país durante los próximos 5 años la mayor red de cargadores para autos eléctricos, según se informó a A Rodar Post.

El conglomerado Baic también fabrica en China aviones, helicópteros, vehículos militares y maquinaria pesada

El desarrollo de cargadores públicos se concentra en los grandes centros urbanos, especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde operan redes privadas y estaciones instaladas por empresas energéticas y automotrices. Sin embargo, fuera de ese núcleo, la disponibilidad se vuelve irregular. En provincias como Córdoba, Santa Fe o Mendoza hay corredores en expansión, pero la distancia entre puntos de carga sigue siendo un obstáculo para quienes necesitan recorrer largas distancias. La falta de una planificación federal consistente genera un escenario fragmentado, donde cada actor avanza según sus posibilidades y no bajo una estrategia común.

A esto se suma la cuestión técnica: la mayoría de los cargadores instalados son de carga semirrápida, adecuados para uso urbano pero insuficientes para viajes interurbanos. Los cargadores rápidos y ultrarrápidos, capaces de recuperar gran parte de la batería en pocos minutos, son todavía escasos y costosos. Su despliegue requiere inversiones elevadas, disponibilidad de potencia eléctrica y acuerdos con distribuidoras que no siempre están preparadas para este tipo de infraestructura. El resultado es un ecosistema que funciona, pero que no termina de ofrecer la experiencia fluida que los usuarios esperan.

El sector privado, impulsado por automotrices, empresas tecnológicas y operadores energéticos, es hoy el principal motor del crecimiento. La instalación de cargadores en shoppings, estaciones de servicio, concesionarios y edificios corporativos muestra que existe un interés comercial concreto. Sin embargo, la ausencia de incentivos fiscales robustos y de un marco regulatorio actualizado limita la velocidad de expansión. La normativa vigente no define estándares unificados, tarifas específicas ni reglas claras para la interoperabilidad, lo que dificulta la creación de una red integrada y accesible para todos los usuarios.

El Estado, por su parte, reconoce la necesidad de modernizar la infraestructura, pero los avances han sido intermitentes. Los planes de movilidad eléctrica anunciados en los últimos años no lograron consolidarse en políticas sostenidas, y la inversión pública en cargadores es todavía marginal. La discusión sobre cómo financiar la transición energética, en un contexto económico complejo, también condiciona las prioridades. Aun así, algunas provincias impulsan iniciativas propias, desde beneficios impositivos hasta programas de instalación de cargadores en rutas estratégicas, aunque sin una coordinación nacional que potencie esos esfuerzos.

Mientras tanto, los usuarios conviven con una realidad dual. En las ciudades, cargar un vehículo eléctrico es cada vez más sencillo, aunque aún lejos de la comodidad que ofrecen otros países de la región. En las rutas, en cambio, la planificación del viaje sigue siendo indispensable: hay que calcular distancias, verificar disponibilidad y, en muchos casos, depender de cargadores privados que no siempre garantizan acceso las 24 horas. La experiencia de uso mejora, pero todavía exige paciencia y previsión.

 

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