Las automotrices europeas enfrentan una creciente pérdida de competitividad frente a la expansión de los fabricantes chinos en el mercado continental, especialmente debido a una variable que los grupos tradicionales consideran cada vez más difícil de igualar: el precio.
La preocupación fue expresada por el CEO de BMW, Milan Nedeljković, quien advirtió que algunos vehículos procedentes de China están llegando a Europa con valores que, según afirmó, resultan difíciles de explicar desde una lógica empresarial.
La irrupción de las marcas chinas en Europa se ha acelerado en los últimos años gracias a una combinación de precios agresivos, avances tecnológicos y una oferta cada vez más amplia de vehículos eléctricos e híbridos enchufables.
Este escenario ha incrementado la presión sobre los fabricantes europeos, que encuentran cada vez más complicado competir en igualdad de condiciones en el segmento de los vehículos electrificados.
Durante una entrevista concedida al diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung y difundida por Reuters, Nedeljković sostuvo que determinados automóviles chinos se comercializan en Europa a precios “inexplicablemente bajos” y que algunos de esos valores “no son comprensibles desde una perspectiva empresarial”.
Sus declaraciones reflejan la preocupación existente en parte de la industria automotriz europea ante una competencia basada en costos que consideran extremadamente difícil de replicar.
La situación se produce en un momento especialmente delicado para los fabricantes del continente. Mientras las compañías europeas intentan avanzar en la electrificación de sus gamas y absorber los elevados costos asociados a la transición tecnológica, las marcas chinas continúan ganando terreno con productos más económicos y cada vez más competitivos en equipamiento y prestaciones.
Según el directivo de BMW, la permanencia de estas diferencias de precios podría fortalecer las posiciones más proteccionistas dentro de Europa. La preocupación coincide con el debate abierto en Bruselas sobre nuevas herramientas para abordar lo que algunos consideran un desequilibrio comercial con China y para proteger a una industria europea sometida a una creciente presión competitiva.
Sin embargo, pese a reconocer el desafío que representan los bajos precios de los vehículos chinos, BMW no respalda una nueva escalada de barreras comerciales. La compañía mantiene una postura crítica respecto de los aranceles adicionales que la Unión Europea ya aplica a determinados coches eléctricos fabricados en China.
En lugar de impulsar más restricciones, Nedeljković propone que Europa y China alcancen acuerdos voluntarios sobre precios y establezcan condiciones que permitan una competencia considerada justa por ambas partes. Su planteamiento consiste en abrir primero un diálogo político para definir qué puede ser considerado un precio de mercado y, posteriormente, trasladar ese consenso a medidas concretas.
El ejecutivo argumenta que la imposición de nuevos aranceles supondría una intervención aún mayor sobre el mercado y advierte de los riesgos de una escalada comercial. “Nadie está interesado en una escalada”, resumió al explicar la posición de BMW.
Actualmente, las medidas europeas se concentran principalmente en los vehículos eléctricos producidos en China. La Unión Europea aplica derechos adicionales de hasta el 35,3% a determinados modelos tras concluir que algunos fabricantes chinos se benefician de subvenciones estatales que alteran las condiciones de competencia.
No obstante, los híbridos enchufables fabricados en China no están sujetos por ahora a esos aranceles adicionales, una circunstancia que ha abierto una nueva vía de expansión para las marcas asiáticas en Europa. Este crecimiento ha llevado a que algunos fabricantes y responsables políticos planteen la posibilidad de extender las medidas comerciales también a esa categoría de vehículos.
Desde China rechazan la posibilidad de un cierre progresivo del mercado europeo. El ministro de Comercio, Wang Wentao, manifestó que Pekín apuesta por resolver las diferencias mediante la negociación y advirtió sobre las consecuencias de un aumento del proteccionismo en Europa.
La posición de BMW también está condicionada por sus propios intereses industriales. El fabricante alemán mantiene una presencia significativa en China y produce allí diversos modelos, entre ellos el MINI Cooper eléctrico destinado también a mercados internacionales. Esta realidad sitúa al grupo en una posición diferente a la de otros fabricantes europeos con menor exposición productiva en territorio chino.
