El acuerdo de libre comercio automotor con México está caído desde hace cinco meses, más precisamente desde el 18 de marzo, y la preocupación en las automotrices argentinas van en aumento. Las consecuencias de esta situación se sienten sobre el freno de las importaciones la merma de stocks.
Las terminales e importadores vienen sosteniendo que cuentan con inventarios suficientes para cubrir algunos meses de demanda, pero el tiempo transcurrido empieza a mostrar que esas reservas no son ilimitadas. Por ejemplo, algunas compañías ya comenzaron a restringir la comercialización de modelos fabricados en México, inicialmente a través de recortes en la suscripción de planes de ahorro (ver nota).
El convenio bilateral establece un régimen de libre importación hasta un cupo determinado y sin pago de aranceles, un beneficio importante para un país extrazona (fuer del Mercosur) que, de otro modo, debería afrontar un arancel del 35%. Mientras no se supere ese límite, los vehículos ingresan sin recargo fiscal; una vez excedido, cada unidad queda alcanzada por la tarifa plena.
Este esquema forma parte del Acuerdo de Complementación Económica N.º 55 del Mercosur, renovado anualmente y actualizado por última vez en abril de 2025. Allí se fijó un cupo de u$s 773 millones sobre el valor FOB de los vehículos, aplicable al total de importaciones de cada país. Con un valor FOB promedio de u$s 20.000 por unidad, el monto habilitado equivale a unas 27.000 unidades.
Las negociaciones para renovar el acuerdo se vienen prolongando ante las diferencias entre los dos países. México mantuvo, durante este tiempo, una postura de rechazo a los pedidos argentinos de ampliar el comercio de productos agropecuarios en el marco del ACE 6. Ante esa resistencia, el Gobierno argentino advirtió que no avanzaría en la actualización del ACE 55 sin destrabar previamente esos rubros.
La posición responde a un desequilibrio estructural: Argentina no exporta vehículos a México y todo el flujo comercial proviene del país norteamericano. El objetivo era que México acepte importar otros productos argentinos para equilibrar la balanza.
La negociación choca, también, con factores internos e ideológicos. La presidenta Claudia Sheinbaum busca evitar tensiones con los productores agropecuarios mexicanos, reacios a abrir importaciones del sector. Además, enfrenta un frente más urgente: el conflicto arancelario automotor con Estados Unidos, que concentra su atención por su magnitud económica, muy superior al intercambio con Argentina. A esto se suma la falta de afinidad política con el gobierno de Javier Milei, que complica aún más cualquier instancia de diálogo.
El listado de modelos afectados es amplio y algunos generan mayor preocupación por su volumen. Desde México llega el Volkswagen Taos, que dejó de producirse en Argentina a mediados de año y pasó a importarse; era uno de los modelos más vendidos y, según la terminal y sus concesionarias, aún cuenta con stock disponible. También se ven alcanzados otros vehículos de la marca, como Tiguan y Vento.
Nissan enfrenta un escenario similar: discontinuó en Córdoba la producción de la pick-up Frontier y planeaba abastecerse desde México aprovechando el beneficio arancelario. El lanzamiento del modelo mexicano está previsto para las próximas semanas, pero quedó condicionado por este conflicto. Desde ese mercado también llegan los modelos Sentra y Versa.
La nómina continúa con Ford, que importa la pick-up Maverick y el SUV Bronco Sport; Stellantis, con la RAM 2500; Honda, con el ZR-V; BMW, con el Serie 3; Kia, con los K3 y K4; y Chevrolet, con la pick-up Silverado. Si cualquiera de estos vehículos ingresara hoy al país, debería pagar el arancel del 35%, lo que encarecería su precio final. El impacto no es lineal: el arancel se aplica sobre el valor FOB —el precio al llegar al puerto, antes de impuestos internos— y no sobre el valor de venta. Aun así, el efecto para el público podría rondar el 20%, un ajuste considerable para modelos que dependen de este régimen para sostener su competitividad.
Si bien la relación entre los dos países no es la mejor, desde la caída del acuerdo se realizaron varias reuniones que lograron ir limando asperezas y acercando posiciones.
El último encuentro se produjo hace tres semanas y sirvió para que, por primera vez, se avanzara de forma concreta en un posible acuerdo. Por un lado, México propuso algunas condiciones sobre el pedido argentino de compensar con exportaciones agropecuarias – el ACE 6 – el fuerte desequilibrio en el comercio de autos (el ACE 55).
Por el otro, la delegación argentina aceptó los pedidos de funcionarios mexicanos ya que, en el balance general, significa una apertura para productos argentinos. No todo lo que se reclamaba, pero sí un parte importante.
´´En lo último conversado, se contempla un crecimiento de las exportaciones argentinas de, por ejemplo, carne vacuna y bovina, aceite de soja y vinos. Esto es una mejora del acuerdo que se tenía hasta marzo, donde México se beneficiaba más con la exportación de autos a nuestro mercado sin una contrapartida para Argentina´´, explicó una fuente que participa de las negociaciones.
La situación, ahora, es de espera por parte de la Argentina. Si bien los funcionarios nacionales aceptaron los cambios propuestos por México, ahora falta que el gobierno de ese país brinde su conformismo y se pueda fijar una fecha para la firma del acuerdo.
´´Estamos esperando que México confirme, oficialmente, su aprobación a lo conversado en el último encuentro y se pueda establecer una fecha concreta para firmar el acuerdo. La preocupación que hay es que México vuelva a plantear alguna modificación y la negociación se vuelva a abrir y se demore la firma. Por experiencia, México siempre aparece con alguna sorpresa y pide algo más. Esperemos que esta vez no se así´´, advirtió otra fuente cercana a las negociaciones
