La pregunta que tuvo que responder el CEO de una automotriz argentina a su jefe global: ¿tiene sentido seguir fabricando autos en la Argentina?

Horacio Alonso

La excusa del encuentro, a comienzos de semana, fue un almuerzo protocolar de esos que se realizan, habitualmente, con el fin de relacionamiento.

Los participantes tenían un origen variopinto. Había, entre otros, un dueño de medios, un economista de renombre, una funcionaria política de muy alto rango del Gobierno (aunque, ahora, desterrada) y un representante de primer nivel de la industria automotriz. Concretamente, el CEO de la filial local de una multinacional de las más importantes.

La charla deambuló por distintos temas, pero la política y la economía jugaron papeles principales. La verborrágica invitada acaparó buena parte del convite, donde aprovechó para destilar todo su malestar contra el presidente de la Nación y su hermana.

El empresario periodístico, que oficiaba de anfitrión, también quiso llevarse una cuota de protagonismo y sumar sus críticas a la actual gestión, con sus intrincados análisis a los que recurre, con frecuencia, en sus exposiciones públicas por su oficio.

Todo transcurría dentro de lo previsible para un ágape tan formal hasta que el directivo de la automotriz se excusó por tener que retirarse antes de lo previsto ya que debía tomar un vuelo a San Pablo.

Fue en ese momento cuando la destacada política le preguntó sobre la situación del sector automotor, a raíz de las noticias que se conocían sobre caída de producción, suspensión de operarios y algún cierre de turnos en fábricas (hechos que, por las dudas, adjudicó a la mala gestión de su gobierno).

El empresario, mientras se levantaba de la mesa, fue contundente: ´´Justamente tengo que ir a Brasil para reunirme con mi jefe global y responderle la pregunta que me hizo por teléfono: ¿tiene sentido fabricar autos en la Argentina?´´

Algunas risas matizaron la dureza de la frase y no hubo lugar para más explicaciones ya que el ejecutivo estaba retrasado y, desde el lugar del almuerzo, partió hacia el aeropuerto de Ezeiza.

En el contexto de la reunión, esa frase perdió su peso, pero teniendo en cuenta la importancia de quién la dijo, no es para dejarla pasar como un comentario más.

La industria automotriz está atravesando un momento crítico. Es cierto que hay terminales que enfrentan el momento con una posición más sólida, pero aún estas no son ajenas a la dificultad del momento.

Lo que se está viendo desde el año pasado es que el crecimiento del mercado se está produciendo en base al aumento de las importaciones y no de vehículos nacionales.

Como publicó ayer A Rodar Post, las ventas mayoristas de marzo (las que las automotrices realizan a las concesionarias) están cayendo 12% en la comparación interanual, pero si se discrimina por origen, la baja de los vehículos nacionales llega casi a 40% (ver nota)

Es decir, la demanda se está concentrando en modelos importados y no en los producidos localmente. Siempre es bueno aclarar que las propias terminales agrupadas en ADEFA, además de fabricar algunos modelos, importan la mayor parte de la gama.

A esto se suma las importaciones que realizan las marcas agrupadas en CIDOA, que de menos de 2% de participación de mercado, hace dos años, hoy representan 13% de las ventas.

Aunque todas las automotrices están afectadas, las empresas más golpeadas son las que no fabrican pick-ups, ya que enfrentan una competencia muy fuerte, en especial de vehículos chinos.

Como polo de producción de pick-ups, la Argentina tiene una posición más fuerte. En cambio, las marcas que producen otro tipo de siluetas no están en la mejor posición.

En este mercado tan competitivo, las automotrices radicadas en el país están vendiendo con márgenes muy bajos que no permiten que el negocio cierre.

También la exportación se ve afectada por el aumento de los costos en dólares y los impuestos que recargan el costo final de un vehículo (sumado a que deben pagar derechos de exportación) y le quitan competitividad.

Desde todas las terminales se reconoce que hoy ganan muy poca plata o ninguna vendiendo al exterior, incluso las que fabrican pick-ups. Las que producen vehículos de otros segmentos están aún más complicada.

Es cierto que hay proyectos en marcha que saldrán a la luz en los próximos meses. Deberán de mostrar que son viables. Pero también está la otra cara del sector.

El levantamiento industrial de Nissan de la Argentina o la salida de producción del modelo Taos de Volkswagen son algunos ejemplos, pero no los únicos casos.

Una actividad industrial donde no es rentable en el mercado interno ni tampoco en la exportación da lugar a ese tipo de preguntas: ¿Tiene sentido fabricar autos en la Argentina?

El CEO local de la automotriz ya tuvo la reunión con su jefe global, que se llegó hasta Brasil, para escuchar en directo las palabras del ejecutivo argentino.

Este medio no pudo saber, por ahora, cuál fue la respuesta. La lógica indica que habrá tratado de convencerlo de que es viable producir autos en la Argentina. De lo contrario, hasta su puesto está en juego. La gran duda es saber si logró convencer a su jefe de que invertir en la Argentina todavía tiene sentido.

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