Crisis autopartista: la seria advertencia de un industrial para evitar que su empresa se convierta en un ´´parri-pollo´´

Redaccion

La industria autopartista está atravesando una situación crítica en el país. No es algo actual. Es un problema que viene de arraste de, al menos, 20 años. La falta de competitividad y la alta presión impositiva dificulta la actividad del sector. Empresas que se mudan a Brasil; tras que cierran. El resultado es contundente: en los últimos 15 años, más de 50 compañías dejaron de producir. Hace unas semanas, A Rodar Post publicó una columna de opinión firmada por Andrés Fava, Director de la multinacional ZF Argentina (ver nota), una autopartista radicada en San Francisco, Córdoba. En ese artículo, planteaba el problema de la ´´ciclotimia argentina´´. Esa tendencia del país de saltar de un extremo al otro, en lo económico, sin reglas de juego ni planes razonables para que las empresas puedan adaptarse a esos cambios abruptos. De una economía cerrada a una abierta y viceversa que hace imposible planificar. Los dos modelos, sin medidas lógicas, terminan siendo inviables en el mediano plazo.  El problema puntual de esta compañía – que produce amortiguadores para terminales y el mercado de repuestos -, pero que se extiende al todo el sector tiene que ver con menor producción automotriz, la baja del contenido nacional de piezas de los nuevos proyectos en marcha para la fabricación de nuevos modelos, el aumento de autopartes importadas (especialmente de China) y la pérdida de exportaciones por falta de competitividad. En las últimas semanas, la empresa no renovó contratos de personal que finalizaron y abrió un plan de retiro (por ahora) voluntarios. Ante el empeoramiento de la situación, Fava propuso a este medio la posibilidad de escribir otra columna. Es su forma de alertar sobre lo urgente de la situación, En este nuevo escrito, plantea el problema desde otra óptica, hace mención a la presión fiscal y reconoce su preocupación por lo que intuye como un desenlace inevitable, salvo que se tomen medidas para ´´salvar a (la buena) industria manufacturera´´. De lo contrario, ve un escenario de pérdidas de puestos de trabajo donde industrias, como la suya, terminarán convirtiéndose en ´´parri-pollos´´. A continuación, s.e publica el artículo completo del directo de ZF Argentina

 

¿Salvamos a la industria argentina manufacturera (la buena)? … ¿o incrementamos la
capacidad instalada de “Parri-pollo for export”?

A riesgo de ser etiquetado con un sobrenombre grotesco o irónico, el tic-tac de la cuenta regresiva
que marca el poco tiempo que le queda a la industria nacional, obliga y habilita a quienes tenemos
responsabilidad de conducción y dirección a que opinemos… aun cuando la opinión por más
humilde y bien intencionada que sea resulte molesta para unos y para otros.

Hace poco más de un mes, en otra columna de pensamiento también publicada a través de este
blog, hacía referencia a la característica “ciclotimia argenta”, esa que nos hace ir los
“banquinazos”, pasando cada 4 u 8 años de la banquina izquierda a la derecha sin escalas ni
anestesias.

Los que habitan en esos extremos o banquinas, plantean dogmas diametralmente opuestos y
profundamente enfrentados entre sí… y pareciera que toda la discusión pasa por apoyar o
defenestrar alguna de las dos posiciones de extremo: “la del estado presente”, o la de “la libertad
de mercado”.

En el ciclo básico de las carreras de ingeniería, cuando se estudia Física 1, se arranca por
conceptos muy sencillos como por ejemplo el “Movimiento Rectilíneo Uniforme”. Este sirve para
que los estudiantes puedan comprender el concepto de “velocidad constante” que viene dado por
una partícula que se desplaza en una trayectoria rectilínea y recorre distancias iguales en
intervalos de tiempo iguales (porque la aceleración es “0”)

Esa es la teoría… porque en la realidad, Ud. y yo sabemos que, si a una canica le imprimimos una
velocidad, veremos que esta no se desplaza indefinidamente, sino que en algún momento se
detiene porque en el sistema real (“la realidad”), actúan las fuerzas de rozamiento…

Lo mismo ocurre con estos dogmas del “estado presente” y de la “libertad de mercado”.

En un sistema ideal o teórico, si se aplica el principio “del estado presente”, este -el estado-,
funciona como un regulador justo y provo de todas las actividades, que lo hace de manera idónea,
imparcial y eficiente, y que además garantiza ecuanimidad y acceso o igualdad de condiciones
para todas las partes.

Pero en realidad vimos (y vivimos) una situación totalmente diferente: sufrimos un estado
parasitario, obeso, sobredimensionado, inepto, ineficiente, corrompible y sesgado… (nobleza
obliga: hay honradas excepciones)

En el mismo sentido, en el mundo ideal teórico, si se aplica el principio “de la plena libertad del
mercado”, todo se resuelve o autorregula por la simple, sana y pura interacción que surge de la
puja entre la oferta y la demanda.

Pero la realidad es bien diferente: la angurria de rentabilidad, la presencia de monopolios u
oligopolios, la desigualdad de condiciones entre las partes del mercado, la asimetría de escalas,
etc., hace que la dulce teoría de autorregulación no se cumpla.

Hoy, buena parte de la industria argentina (la buena, la que no transó, la que sobrevivió como pudo a la variopinta ciclotimia argenta), quedó atrapada como blanco fácil en esta guerra de dogmas y principios teóricos que -como vimos-, la realidad se los termina deglutiendo crudos a ambos.

Esa parte de la industria argentina (la buena, la que no transó, la que sobrevivió como pudo a la
variopinta ciclotimia argenta), no quiso antes y tampoco quiere ahora la prebenda del
estado a la medida de sus fábricas y empresas, pero tampoco cree que el principio de “plena
libertad de mercado” vaya a resolver por sí solo las regresivas distorsiones de la Argentina.

Hoy se pregona una suerte de “teoría de la evolución Darwiniana para la industria local”: aquellas
que mejor se adapten y se vuelvan más eficientes y competitivas sobrevivirán, y aquellas que no lo
hagan sucumbirán, y además emergerán algunas nuevas que compensarán con creces los efectos
y consecuencias de aquellas que desaparezcan, de esa manera se les permitirá a los usuarios y
consumidores acceder a más bienes de igual o mejor calidad y a un precio mucho menor.

Suena lindo… ¡muy lindo!, y uno no puede menos que estar de acuerdo con este enunciado. Pero
el problema es de nuevo “la teoría”… porque “en teoría” debería funcionar así, pero en la práctica
¿realmente funcionará así?.

Veamos:
La competitividad de las empresas es la resultante de la competitividad endógena (aquella que
es pura y exclusivamente responsabilidad de la empresa), y la competitividad exógena (aquella
que es pura y exclusivamente responsabilidad de los estados nacional, provincial y municipal… ya
sea por lo que hacen para bien o para mal, o por lo que dejan de hacer… para bien o para mal).

Esa parte de la industria argentina (la buena, la que no transó, la que sobrevivió como pudo a la
variopinta ciclotimia argenta) ya viene haciendo desde hace tiempo “sus deberes”, es decir mejorar
sustancialmente su competitividad endógena.

Sin embargo, en lo que se refiere a competitividad exógena, queda muuuucho por hacer en todos
los niveles: nacional, provincial, municipal.

Sepa el lector que, por ejemplo, en la Argentina el costo NO salarial promedio del trabajo
asalariado (es decir lo que las empresas pagan más allá del sueldo que le entra al bolsillo al
trabajador) representa un 67% del salario del trabajador, que en Brasil representa el 62%, que en
Chile el 58%, y que en Paraguay el 44%…

Solo por citar un par de ejemplos más, sepa también el lector que en el precio de venta de una
heladera el 42% son impuestos, mientras que la misma heladera fabricada en México esa carga
impositiva es de solo 25%, y en Brasil de 38%… Que en el precio de venta de un termotanque
fabricado en Argentina, el 43% son impuestos, mientras en un equipo similar fabricado en Brasil la
carga impositiva en el precio final es de 36%, y en México de solo 26% (Fuente: Estudio “Una
agenda común para crear más inversión y empleo en Argentina  – Diciembre 2024 // realizado por
un conjunto de cámaras y empresas que representan la industria metalúrgica Argentina)

Y en el mientras tanto, con ese gran déficit de “competitividad exógena”, se la pone a la
industria (a la buena, a la que no transó, a la que sobrevivió como pudo a la variopinta ciclotimia
argenta), a competir contra la industria de otros países o regímenes (China), donde sus “costos
país” son apenas una mínima fracción del “costo argentino”.

Por otro lado, se da por sentado que habrá una transferencia de la fuerza laboral (recursos
humanos: obreros, ingenieros, técnicos, administrativos, etc.) desde los sectores que sucumbirán
por no ser competitivos en este escenario de fronteras comerciales abiertas (ej.: industria
argentina), a aquellos nuevos sectores emergentes que son más competitivos en el concierto
internacional (ej.: minería, petróleo y sus derivados, agro, etc.).

Si esto realmente fuera a ser así, ¿cuál sería el problema?… ¡Ninguno!, puesto que toda esa masa
de empleados se reinsertaría en estos nuevos sectores, con igual o mejor salarios, seguirían en la
formalidad laboral, y además accederían a bienes más baratos, ergo vivirían en carne propia una
expansión o crecimiento de su poder adquisitivo…

Pero una vez más la realidad impone con crudeza sus verdades, y termina con tan dulces anhelos.

En primer lugar, porque estos “sectores emergentes” no son mano de obra intensiva demandantes,
en la misma magnitud que lo es la industria manufacturera tradicional.

Por lo tanto, solo algunos afortunados podrán reinsertarse en estos sectores emergentes de la
economía (que además deberán estar dispuestos a hacer las valijas y mudarse a los centros
geográficos donde se concentrarán dichos sectores emergentes).

Otros en cambio -los más formados y preparados-, probablemente pasen a poblar “el mundo de
los autónomos y monotributistas” vendiendo como servicios todo el conocimiento acumulado durante su paso por la industria.

Y otra buena porción -los menos formados o preparados y los de avanzada edad-, se adentrarán
en el mudo de la informalidad tratando de sobrevivir de la mejor manera posible: algunos pondrán
una verdulería en el garaje, otros se animarán a una despensa de barrio, algunos montarán un
taller de reparación de motos, otros más diestros en la parrilla inaugurarán su “parri-pollo”, etc..
Dicho de otra manera “puchereo para sobrevivir”.

En segundo lugar, porque se asume que los inversores vendrán como golondrinas en primavera,
movilizados y obnubilados por los cambios de época en argentina.

Y de nuevo aquí la realidad golpea con crueldad y sarcasmo.

Los inversores y hombres de negocio celebran con furia los discursos de libertad de mercado y los
cambios de rumbo que estamos haciendo y que nos vuelven un país más serio y predecible, y no
pueden estar más de acuerdo con todo esto. Pero (siempre hay un “pero” que se interpone), a la
hora de “poner la platita” vacilan, porque al fin y al cabo esto sigue siendo Argentina… un país
con sobrada “trayectoria defaulteadora” que cambia de banquina cada cuatro u ocho años…
¡es que el fantasma de la Argentina más allá de diciembre de 2027 los aterra y los paraliza!. Por
eso, por lo bajo, te dicen: “…dame 10 años (no 8), 10 años como mínimo de continuidad
ininterrumpida de rumbo, y solo entonces venidme a buscar para poner la “platita para
invertir…”

Simple, “el que se quema con leche, ve una vaca y llora” (dice el refrán).

Por eso, depositar la confianza en que se generarán muchos nuevos empleos a partir de un
vendaval de nuevas inversiones que pronto llegará, suena un poco iluso o inocente.

Pregunta que le dejo al lector para que “rumie” un rato si tiene ganas: si de lo explicado más
arriba se infiere que en el corto y mediano plazo es altamente probable que sea mucho mayor la
cantidad de expulsados del sistema laboral que los que se puedan reinsertar en los nuevos
trabajos emergentes de calidad y formales… ¿de qué sirve entonces disponer de bienes de
consumo mucho más baratos, cuando aún con precios más accesibles, toda esa masa creciente de
desempleados o con nuevos empleos informales o precarizados tampoco podrá acceder a los
mismos?

¿Y entonces?…

Y entonces me pregunto si… ¿no sería mejor separar la paja del trigo, y no meter a toda la
industria en la misma bolsa asumiéndola a toda ella como prebendaria, obsoleta e ineficiente, y
que en cambio nación, provincia y municipios, alguna vez se pongan de acuerdo y
trabajen de manera coordinada, rápida y efectiva (*) para generar las condiciones exógenas
que la industria necesita para poder competir de igual a igual con el mundo? (* efectividad =
eficiencia + eficacia).

Y así, solo entonces cuando la cancha se encuentre más o menos nivelada, que cada industria
juegue su partida, y se las arregle por si sola… si gana que disfrute de su éxito, y si pierde que se
haga cargo de su fracaso… pero primero: ¡nivelen la cancha por favor!

Entre las tantas cosas que a este país le hace falta, es que le ingresen divisas, y la industria
argentina hoy ya colabora con ello. Y mejor aún, tiene potencial suficiente para seguir
haciéndolo, pero eso solo es posible trabajando CON la industria y NO CONTRA esta.

Es con el agro, con la minería, con el petróleo y sus derivados, con los servicios, con los bancos,
con los alimentos, con la construcción y también con la industria local que será posible hacer
grande a la Argentina… yo sigo creyendo en eso

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