La bronca que arrastraba el Sr 5 era descomunal. Ya habían pasado varios días desde la final del Mundial, pero todavía no se podía sacar el malhumor de encima. Se sentía en su voz. Me dí cuenta apenas llamó. Nunca lo había escuchado tan enojado.
– Ni me hable del tema. No sabe lo mal que la pasé. En la cancha, me quería agarrar con todos los españoles juntos. Se nos reían en la cara. Estoy tan cabreado que me iba a ir unos días, ahora, en agosto, a la Costa Brava y lo suspendí a manera de protesta. No me aguanto una cargada más.
– Le va a hacer mal al corazón tanta angustia – le dije para tratar de calmarlo. – Además, hay que reconocer que jugamos muy mal. El peor partido.
– Seguro, seguro. Eso no se discute, pero estuvimos tan cerca de la cuarta que no lo puedo superar. Era un partido más que teníamos que ganar. Uno sólo.
– Bueno, pero no se puede esperar que la suerte esté siempre de nuestro lado. Veníamos pasando de milagro. Esta vez no alcanzó.
Escuché un largo suspiro que sonó como un lamento ahogado del otro lado del teléfono y preferí cambiar de tema para que no siguiera flagelándose.
– Mire, al lado de los problemas que hay por acá con la caída de las ventas de autos, todo es insignificante. Me imagino que me llama por eso.
– Sí, sí. Por algo de eso. En estos días que volví a Buenos Aires estuve hablando con mucha gente. El panorama es complicado.
– Así parece.
– Puntualmente, le quería pasar unos datos sobre algo de lo ue venimos hablando.
– Cuénteme.
– Con esto de la baja de ventas y la llegada de los chinos, el sector de las concesionarias está que arde. Usted algo escribió sobre algunos movimientos que se están produciendo, pero la cosa es más profunda.
– Sí. Publiqué algo de Maynar de Volkswagen (ver nota) y de Toyota Panamericana (ver nota). Agregue lo de Volkswagen Pestelli, aunque es un tema distinto.
– Eso no es nada. Se viene una reestructuración muy profunda. Con un mercado que se achicó y un montón de marcas que llegaron, el negocio no alcanza para todos.
– ¿Qué me está diciendo?
– La semana pasada estuve hablando con un importante directivo de una terminal, alguien pesado, pesado, y me lo dijo claramente: tienen que achicar la estructura de la red. Le sobran concesionarias.
– ¡Epa! Esto es fuerte.
– Ni que lo diga. Me contaba que lo que están haciendo es cerrar la puerta para que entre nuevos grupos empresarios.
– No entiendo.
– Hay mucha gente que quiere aprovechar el momento y expandirse. Algunos que les gusta arriesgar y no se sabe de dónde sale la plata, pero este directivo me decía que lo que ellos quieren hacer es tener una red sana con menos jugadores, pero que financieramente estén fuertes. Para eso, lo que vienen haciendo es que concesionaria que, por un motivo u otro, sale del negocio, buscan que las operaciones se las quede alguien de la red. No quieren sumar nuevos inversores. Como dicen ellos, reducir el número de CUIT.
– ¿Pero cómo lo hacen?
– Hay empresas que el fundador ya es una persona mayor y no tiene herederos o los que hay no les interesa el negocio y quiere vender. Otros, que se muere el dueño y la empresa no sigue y también miran algunas concesionarias que no están haciendo las cosas bien y buscan darle de baja. Así, por goteo. De esa manera, se están sacando empresas de encima. Me decía que, por la realidad del mercado y lo que viene, tienen que recortar entre 20% y 25% los dealers. Quieren copiar lo que hizo General Motors, que fue dando de baja a empresas que se las quedaron otros concesionarios. Por ejemplo, Megui se quedó con Autoteam, Roycan con Araucar, Collins con Fraga, D´amico con Mundo Car, Beta con Belnorte. Son sólo algunos ejempos. Hay más. Se concentró el negocio en menos empresas. Ellos la hicieron bien. La vieron antes e hicieron el ajuste que ahora tienen que hacer otras automotrices.
– ¿Y en otras terminales ya está pasando?
– Le cuento un par importantes. Una es el caso de las concesionarias Fangio de Mercedes-Benz, que también tienen al grupo Rodobens. Estas empresas están en manos de la familia Verdi de Brasil y están saliendo del negocio. Ya tienen todo avanzando con empresarios argentinos. Con el Grupo Pigoni, los del Toyota del Pilar, y el empresario Adrián Wais. El primero se quedaría con la concesionaria de Panamericana. Usted algo sacó. También está abriendo la Mercedes-Benz de Nordelta (ver nota). Wais tomaría el control del local de la avenida Montes de Oca, la histórica concesionaria del ´´Chueco´´. Aún no presentaron la sociedad para el acuerdo definitivo, pero antes del 31 de agosto se debe firmar. Esto que le cuento es confidencial. ¡Ojo!.
– Eso me gusta.
– Otro caso fuerte es lo del Grupo Ferro, el que fundó Jorge Ferro. Tienen agencia Toyota, pero lo cambios vienen por los locales de Nissan, Autoferro. Se imagina que con el descalabro que es Nissan, la red está buscando nuevos horizontes. De paso: ¿se sabe algo de la venta al Grupo Simpa? Usted lo dio en primicia, Nissan lo confirmó, pero viene lenta la cosa. Hay rumores feos sobre este tema.
– ¿Cuáles?
– Lo hablamos otro día. Déjeme que siga con lo de las concesionarias de Ferro. De Nissan tienen tres. Una en Avenida del Libertador, otra en Martínez y otra en Avenida Cabildo. Parece que las dos primeras cambian de marca. Pasarían a ser de Omoda y Jaecco. Quedaría sólo el de Cabildo como Nissan, por ahora. Se lo aclaro así porque hay bastante tirantez con la terminal. Este grupo viene abriéndose de la marca. De hecho, ya abrió un local de Honda al lado del que tiene de Nissan en Libertador.
– ¡Qué panorama revuelto!
– Así que esté atento porque hay muchos movimientos en las concesionarias. Por hablar de ellos. Si me meto con las fábricas…
– Espere, espere. No me deje con la incógnita.
– ¿Se lo tengo que contar yo? Usted anticipó, el otro día, la reducción de la producción de Ford.
– Sí. A partir de octubre.
– Estamos hablando de Ford que, junto a Toyota, eran la excepción. Súmele Prestige también. Si Ford hace ajuste, imagínese el resto. Bueno, hay un rumor dando vuelta que, si se confirma, agárrese.
– ¿Cuál?
– Déjeme hacer unas llamadas y otro día le cuento. Por hoy es suficiente. Hasta la próxima.
Y cortó.
