El 7 de octubre de 2026, durante una reunión del Comité de Comercio de la OCDE, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) convocó a funcionarios de 14 economías para comenzar un trabajo conjunto destinado a abordar el problema de la sobrecapacidad estructural y el exceso de producción en sectores manufactureros considerados estratégicos.
Participaron del encuentro, además de Estados Unidos, países de Europa, México, Canadá y Argentina.
Como resultado, esos países firmaron junto con Estados Unidos una Declaración Ministerial Conjunta en la que se comprometen a colaborar mediante plataformas sectoriales específicas para analizar y aplicar medidas que reduzcan esos desequilibrios productivos.
Sin nombrar a ningún país de forma explícita, el destinatario puntal era China y, en particular, al sector automotor.
La declaración también insta a todos los países a eliminar políticas y prácticas económicas consideradas “no orientadas al mercado”, ya que, según los firmantes, distorsionan la competencia y mantienen artificialmente los excesos de capacidad y producción.
«Estamos decididos a colaborar en nuevas plataformas sectoriales específicas para analizar más a fondo y adoptar medidas eficaces que aborden el exceso de capacidad y de producción estructural en sectores clave que suscitan preocupación, comenzando por los automóviles y vehículos eléctricos, las baterías, los productos químicos, los semiconductores básicos y los paneles solares», dice el statement.
Entre los firmantes figuran los ministros de Comercio de Argentina, Australia, Canadá, la Unión Europea, Francia, Alemania, la India, Italia, Japón, la República de Corea, México, Polonia, Turquía, el Reino Unido y los Estados Unidos.
Según el embajador Jamieson Greer, varios países plantearon durante la presidencia estadounidense del G20 que algunos mercados mantienen niveles de producción persistentemente superiores a la demanda mundial gracias al apoyo gubernamental. Sostuvo que esta situación perjudica a las industrias nacionales, desplaza la producción local y afecta el nivel de vida de los trabajadores.
El foco está en sectores manufactureros con exceso de capacidad productiva.
Los países atribuyen parte del problema a subsidios y prácticas estatales que distorsionan los mercados.
El texto afirma que se crearán mecanismos de cooperación para analizar el fenómeno y definir medidas concretas.
Aunque el comunicado no menciona explícitamente a ningún país, este tipo de iniciativas suele estar orientado a responder a preocupaciones de economías occidentales y socios comerciales sobre los efectos de grandes capacidades industriales apoyadas por el Estado en determinados mercados globales.
En este caso, el destinatario de este acuerdo parecería ser China y, puntualmente, se menciona al sector automotor.
Lo curioso es que, mientras la Argentina firmó este acuerdo, impulsa un régimen de importación de autos híbridos y eléctricos sin arancel que permite ingresar hasta 50.000 vehículos en esas condiciones.
Paralelamente, desde las terminales radicadas en el país, agrupadas en ADEFA, se viene reclamando igualdad de condiciones con las importaciones de autos desde China. Asi lo planteó el titular de la entidad, Rodrigo Pérez Graziano, en una entrevista con la publicación Apertura.
Es cierto que el acuerdo firmado recientemente con EE.UU. y Europa no implica, por ahora, medidas concretas, plantea la necesidad de analizar los casos para definir después qué tipo de regulaciones se pueden aplicar.
«Es mas una declaración de intenciones que algo concreto. Se comprometen a estudiar efectos e impactos, información disponible y a trabajar en consecuencia. Pero no hay algo concreto a hacer por el momento», explicó a Rodar Post un empresario de la industria automotriz.

