Por qué las automotrices no adhieren al RIGI: las trabas del régimen de incentivo de inversiones

Horacio Alonso

Las noticias sobre empresas que se adhieren al RIGI son cada vez más frecuentes. El Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones que implementó el Gobierno nacional otorga beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios por 30 años a proyectos que superen un desembolso mayor a u$s200 millones.

Los principales beneficiarios son sectores como el de energía, minería, tecnología e infraestructura, pero quedaron afuera -al menos en el plan inicial – industrias como la automotriz. De todas formas, una vez puesto en marcha, las terminales radicadas en el país reclamaron poder participar de este plan oficial.

Fue por eso que se las incluyó dentro de un capítulo de nuevas tecnologías de movilidad para incentivar la radicación proyectos de fabricación de vehículos híbridos o eléctricos.

Sin embargo, pese a esta posibilidad, hasta el momento, ninguna automotriz se adhirió a este régimen, pese a que hay varias empresas que tienen en marcha la fabricación de vehículos con algún nivel de electrificación.
Por ejemplo, Toyota está trabajando en la renovación de la pick-up Hilux que se comenzará a producir en la planta de Zárate a fin de año.

Tal como adelantó A Rodar Post, se trata de una inversión muy importante que algunas fuentes la ubican por arriba de los u$s1.000 millones. Ese proyecto tiene previsto la fabricación de una versión electrificada. Es cierto que el desembolso de dinero ya se concretó con una profunda renovación y automatización de la fábrica, pero el anuncio del monto exacto se hará a la par del inicio oficial de producción en diciembre próximo.

También hay otros proyectos en marcha que cuenta con versiones híbridas, como es el caso de la nueva Volkswagen Amarok, también de Ford Ranger (este proyecto ya fue anunciado oficialmente por la marca) y de Renault en Córdoba, con su pick-up Niagara que presentará en 10 de septiembre.

Cuando se les pregunta a los responsables de estas marcas si van adherir al RIGI, en general, responden de forma ambigua. ´´Estamos analizando´´, suelen decir.

El problema que impide una definición concreta se debe a las dificultades para sumarse a este régimen para las automotrices debido a ciertos requisitos que no son fácil de sortear, según señalaron distintas fuentes consultadas por este medio.

Cuando una automotriz pone en marcha un proyecto para la producción de un nuevo modelo, por las características de esta industria, la inversión se realiza en distintos sectores. En la planta de pintura, en la de carrocería y en la planta de montaje para armar vehículos.

En la misma línea pueden convivir vehículos de combustión interna o electrificados. Es decir, los vehículos con nueva tecnología no representan el total de unidades que sale de esa línea. Entonces, el beneficio la empresa lo tendría en el porcentaje de vehículos híbridos o eléctricos que fabrique.

El RIGI para las automotrices establece que debe tratarse de un VPU (Vehículo de Proyecto Único) y el beneficio debe alcanzar exclusivamente al modelo aprobado. Es decir, un vehículo que empiece de cero, como si se instalara Tesla o alguna automotriz china, mientras que para las automotrices ya radicadas les sería difícil tener un proyecto de ese tipo.

´´En el caso nuestro, como la inversión va a venir para una empresa que ya está funcionando, para una línea que ya está produciendo y se trata de una renovación de un modelo, se complica. Armar un VPU específico para una nueva inversión sería como volver a radicarse con otra empresa. No es viable´´, explicaron desde una terminal.

Otra dificultad es que no está todavía claro cómo contabilizan la inversión. Si la empresa destina, por ejemplo, u$s400 millones y la mayor parte de los vehículos que fabrique son a combustión, no cumplirían el requisito de una inversión de más de u$s200 millones.

´´En este tema no está definido cómo se contempla la inversión. Si es por el monto global o sólo por lo que correspondería a nuevas tecnologías. Es un tema complejo. Para poder acceder al beneficio, la empresa debería montar una línea especial para los vehículos electrificados y otra para los d combustión. Alguna empresa podría hacerlo, pero es algo poco funcional´´, explicó otro ejecutivo de una terminal.

El RIGI exige que el beneficiario funcione como una empresa nueva o independiente de una ya existente. En el caso de las automotrices es casi imposible ya que los nuevos modelos se producen sobre líneas ya existentes. Deberían desdoblar áreas como el de logística, sistemas, separar las contabilidades, personal nuevo y demás como dos empresas diferentes.

Por otro lado, uno de los beneficios importantes que tiene el RIGI es no pagar los derechos de exportación para los vehículos que se vendan al exterior, pero el Gobierno ya anunció que ese gravamen va a ser eliminado gradualmente para todas las exportaciones del sector por lo que pierde interés y le quita un incentivo para adherirse.

Pese a esto, en las automotrices siguen trabajando para ver si por algún vericueto legal pueden recibir el beneficio y si este es del tal magnitud que justifique realizar toda esa ingeniería administrativa para sumarse al régimen. En los próximos meses se verá.

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