Las declaraciones de Stella Li, vicepresidenta ejecutiva de BYD y una de las máximas responsables de la expansión internacional del gigante chino, reavivaron el debate sobre el futuro de la industria automotriz.
Durante una entrevista concedida a Carwow en Valencia, la ejecutiva fue contundente al referirse a los vehículos con motor de combustión interna: “está muy claro, no tienen futuro”. Fue una valoración que enmarcó en la rápida transformación que atraviesa el mercado chino y en el avance acelerado de las tecnologías de electrificación. La ejecutiva explicó que ese es el panorama en China, mientras que en otros países dependerá del avance de los vehículos electrificados, pero advirtió que ´´el destino final es el mismo´´.
Lejos de tratarse de una opinión aislada, la postura de Li refleja la estrategia que BYD viene desarrollando desde hace años. La compañía se convirtió en uno de los principales fabricantes mundiales de vehículos electrificados, tanto eléctricos puros como híbridos enchufables, y ha basado buena parte de su crecimiento en una fuerte inversión en baterías, plataformas específicas para autos eléctricos y sistemas de carga de alta potencia.
Según la ejecutiva, la competencia tecnológica en China es tan intensa que los fabricantes que no innovan con rapidez pierden relevancia en muy poco tiempo, un fenómeno que, a su juicio, terminará extendiéndose gradualmente al resto de los mercados.
En ese sentido, en una de sus participaciones recogidas por Reuters durante el pasado Salón del Automóvil de Múnich, Li señaló que “nos estamos preparando para ser más europeos en la producción”, al tiempo que agregó que “dentro de uno o dos años nuestros híbridos enchufables dominarán las ventas en Europa”.
La visión de BYD encuentra respaldo en algunas de las tendencias que hoy atraviesan el sector. China ya concentra la mayor adopción de vehículos eléctricos del planeta y se ha convertido en el principal laboratorio para nuevas tecnologías vinculadas a la movilidad. La expansión de la infraestructura de recarga, la reducción sostenida del costo de las baterías y la creciente competitividad de las marcas locales están modificando el equilibrio de fuerzas de una industria históricamente dominada por fabricantes europeos, estadounidenses y japoneses.
Uno de los argumentos centrales de Li es que la barrera más importante para la adopción masiva de los eléctricos, el tiempo de recarga, está comenzando a reducirse de manera drástica. BYD trabaja en sistemas de carga ultrarrápida capaces de recuperar gran parte de la autonomía en apenas unos minutos, una evolución que la compañía considera clave para equiparar la experiencia de uso de un vehículo eléctrico con la de uno impulsado por combustibles líquidos. Al mismo tiempo, el fabricante avanza en el desarrollo de baterías de estado sólido, una tecnología que promete mayores niveles de autonomía, seguridad y eficiencia.
Sin embargo, la realidad global sigue siendo más heterogénea que la observada en China. En Europa, pese al crecimiento sostenido de los vehículos eléctricos, los motores de combustión conservan una presencia significativa y los híbridos continúan desempeñando un rol central en la transición energética.
Además, el debate regulatorio en torno a los plazos para reducir emisiones y las inversiones necesarias para expandir la infraestructura de carga sigue abierto en varios países.
Las palabras de Stella Li también pueden interpretarse como una señal de confianza en el posicionamiento de BYD. Mientras numerosos fabricantes tradicionales buscan equilibrar inversiones entre modelos eléctricos, híbridos y de combustión, la empresa china apuesta a que la electrificación terminará imponiéndose como el estándar dominante de la industria.
La discusión, por lo tanto, ya no parece centrarse únicamente en si el motor de combustión perderá protagonismo, sino en la velocidad con la que ocurrirá esa transformación y qué compañías lograrán adaptarse mejor a un mercado cada vez más orientado hacia la movilidad eléctrica
