Balotaje Bolsonaro vs Lula: qué impacto puede tener en la industria automotriz argentina un cambio de gobierno en Brasil

Horacio Alonso

Los resultados de las elecciones en Brasil, con la confirmación de un balotaje y una leve ventaja de Flavio Bolsinaro, no pasa inadvertido en el sector automotor argentino.

Los vínculos de esta industria entre los dos países son muy profundos en el marco del régimen común. Brasil es el principal destino para los autos nacionales y la Argentina cumple el mismo papel para los autos brasileño.

En los últimos tres años no hubo una relación fluida entre los dos gobiernos, algo que complica todo.

Si Bolsonaro ratifica el triunfo en la segunda vuelta se abrirá una nueva etapa para el sector en momentos en que hay una negociación pendiente para definir el futuro de la industria automotriz regional.

Las terminales automotrices nucleadas en ADEFA vienen intensificando sus gestiones para renegociar el acuerdo bilateral que regula el comercio automotor entre la Argentina y Brasil y que prevé la entrada en vigencia del libre comercio entre ambos países a partir de 2029. La preocupación del sector se centra en el impacto que una apertura total podría tener sobre la producción local, las inversiones y la continuidad de algunas plantas industriales.

Desde hace décadas, ambos países mantienen un régimen específico para la industria automotriz basado en un sistema de intercambio administrado conocido como Flex. Este mecanismo establece la cantidad de vehículos que cada mercado puede importar sin pagar aranceles en función del valor de las exportaciones realizadas. En términos simples, por cada dólar exportado, un país obtiene la posibilidad de importar una determinada cantidad de vehículos libres de impuestos aduaneros.

Cuando las importaciones superan los límites establecidos por el coeficiente Flex, los vehículos excedentes deben afrontar el arancel extrazona del 35%, la misma tasa que se aplica a los autos provenientes de países fuera del Mercosur. El índice es acordado entre los gobiernos de ambos países y se actualiza periódicamente.

La última modificación importante del esquema se concretó durante la presidencia de Mauricio Macri, cuando se acordó una apertura gradual del comercio bilateral que desembocaría en un régimen de libre comercio pleno desde 2029. Sin embargo, a medida que se acerca esa fecha, crecen las dudas dentro de la industria sobre las consecuencias de eliminar cualquier mecanismo de protección.

En las conversaciones mantenidas con el Gobierno nacional, las automotrices vienen planteando que una liberalización total podría derivar en el cierre de fábricas locales y en un traslado de la producción hacia Brasil.

Según sostienen, aunque faltan más de tres años para la entrada en vigencia del nuevo esquema, la definición del marco regulatorio resulta clave para garantizar previsibilidad, consolidar inversiones ya anunciadas y atraer nuevos desembolsos.

Pero esta discusión, además, estabs condicionada por la incertidumbre política en ambos países. No es lo mismo una reelección de Luiz Inácio Lula da Silva o un triunfo de la oposición bolsonarista en el ballotaje ya que representarían escenarios económicos distintos.

En la Argentina ocurre algo similar de cara a las elecciones presidenciales de 2027, lo que reduce las posibilidades de avanzar en una negociación profunda hasta que quede más claro el panorama político.

Actualmente existen tres posiciones claramente diferenciadas. La primera es la de las automotrices, que impulsan una prórroga del sistema Flex por al menos cinco años más y, en algunos casos, incluso proponen reducir los niveles actuales de intercambio permitidos. Aunque dentro del sector existen matices, la preocupación compartida es evitar una apertura considerada prematura.

Un alto ejecutivo de una terminal automotriz reconoció que la implementación efectiva del libre comercio bilateral en 2029 representaría un desafío significativo para las fábricas instaladas en el país. Según explicó, el sector necesita conservar algún nivel de protección a través de un esquema de Flex para garantizar nuevas inversiones y sostener la actividad industrial. De lo contrario, advirtió, algunas empresas podrían verse obligadas a revisar sus planes de radicación productiva.

La segunda posición corresponde al gobierno brasileño actual, que plantea mantener el cronograma vigente: libre comercio entre la Argentina y Brasil, combinado con un arancel externo común del 35% para los vehículos provenientes de terceros países. Bajo este modelo, los fabricantes brasileños podrían exportar sin restricciones al mercado argentino, mientras se mantendría protegida la industria regional frente a competidores externos, especialmente los fabricantes chinos.

La postura del Gobierno argentino, en cambio, incorpora una condición adicional. Si bien aceptaría avanzar hacia el libre comercio bilateral, pretende reducir el arancel extrazona del 35% al 20%. La idea es exponer a las fábricas brasileñas a una mayor competencia internacional y, al mismo tiempo, generar condiciones para una baja en los precios de los vehículos a partir de una menor carga impositiva y una oferta más amplia.

Parte de esa estrategia ya comenzó a reflejarse en el régimen de importación que habilita el ingreso de hasta 50.000 vehículos híbridos y eléctricos por año sin pagar el arancel extrazona del 35%. La medida favoreció el desembarco de nuevas marcas, especialmente de origen chino, y empezó a generar una mayor competencia en el mercado local, con modelos más accesibles que también ganan terreno frente a los vehículos importados desde Brasil.

En caso de un triunfo bolsonarista podría acercar esas posiciones con el gobierno argentino y avanzar hacia una apertura dentro y fuera del Mercosur.

También podría dar un giro a la política impulsada por Lula de una estrecha relación y apoyo a las automotrices chinas, con mayor afinidad ideológica que compañias de Estados Unidos o Europa, para que se instalen en Brasil a costa de recortar la influencia de multinacionales tradicionales que hace años operan en ese país.

Hay que recordar que esas automotrices, agrupadas en ANFAVEA, hicieron varios reclamos (sin éxito) para que frene el avance de empresas chinas. Todo eso puede cambiar si el 25 de octubre, cuando se realice la segunda vuelta, se confirma el triunfo de Bolsonaro. Habrá que esperar.

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