Automotrices chinas buscan copar México para desafiar los aranceles de Trump

Redaccion

La competencia por adquirir la planta COMPAS en Aguascalientes, una empresa conjunta entre Nissan y Mercedes‑Benz con capacidad para producir 230.000 vehículos al año, ha entrado en su fase final.

Según informó Reuters, los gigantes automotrices chinos BYD y Geely, junto con la vietnamita VinFast, integran la terna de finalistas seleccionados entre nueve empresas interesadas.

También participaron otras firmas chinas como Chery y Great Wall, en un proceso marcado por el reposicionamiento global de la industria y las presiones comerciales entre Estados Unidos, México y China.

El avance de BYD y Geely hacia la posible compra refleja un cambio profundo en la geografía de la fabricación automotriz.

Las políticas arancelarias de Estados Unidos, que incluyen gravámenes del 100% a los automóviles de origen chino y efectivamente bloquean su ingreso al mercado estadounidense, han impulsado a los fabricantes asiáticos a buscar rutas alternativas de producción.

En este escenario, México se ha convertido en un punto estratégico: las marcas chinas, que en 2020 no tenían participación en el mercado local, hoy concentran alrededor del 10% de las ventas.

Producir en México ofrece ventajas clave. Las empresas pueden reducir costos de logística para América Latina, sortear barreras arancelarias y aprovechar una cadena de suministro madura y mano de obra calificada.

La posibilidad de usar al país como plataforma de exportación para la región es particularmente atractiva para los fabricantes de vehículos eléctricos e híbridos.

Sin embargo, este interés también coloca a México en una posición delicada. Aunque necesita inversiones y empleos, existe el riesgo de tensiones con Washington, especialmente en el contexto de la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

El cierre de la planta COMPAS responde a cambios estratégicos de sus socios actuales. Mercedes está trasladando la producción del GLB a Hungría para evitar nuevas cargas arancelarias sobre los envíos a Estados Unidos, mientras que Nissan decidió descontinuar los modelos QX50 y QX55, además de cerrar una segunda fábrica cerca de Ciudad de México como parte de una reestructuración global.

La caída de la demanda y los efectos de los aranceles han provocado pérdidas significativas: México registró la eliminación de 60.000 empleos en la industria automotriz en 2025.

En este contexto, la planta de Aguascalientes, con infraestructura establecida y personal experimentado, se presenta como una oportunidad atractiva para nuevos inversionistas.

Aunque el gobierno mexicano no tiene facultades para bloquear directamente la venta de una fábrica, Reuters reportó que funcionarios de la Secretaría de Economía han pedido a estados y regiones pausar temporalmente las inversiones chinas hasta que concluyan las negociaciones comerciales con Estados Unidos.

La presión es evidente: el presidente estadounidense, Donald Trump, ha acusado públicamente a México de “abrir una puerta trasera” para que autos chinos ingresen a su país.

Aún así, expertos coinciden en que sería improbable que algún estado mexicano rechazara la llegada de un fabricante chino, considerando la generación de empleos, la recaudación fiscal y la posibilidad de impulsar un nuevo capítulo para la industria automotriz nacional.

Se espera que la decisión final sobre el futuro de la planta se conozca una vez concluyan las conversaciones entre los gobiernos de México y Estados Unidos.

Si BYD o Geely concretan la adquisición, México podría consolidarse como un foco de producción regional para vehículos de tecnología avanzada destinados, principalmente, a mercados latinoamericanos menos afectados por las barreras comerciales estadounidenses.

Para los consumidores y para la industria, este movimiento promete alterar las dinámicas de competencia, disponibilidad y precios en los próximos años.

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