El máximo ejecutivo de Ford Motor Co., Jim Farley, mantuvo conversaciones con altos funcionarios de la administración Trump para explorar un marco que permitiría a fabricantes de automóviles chinos construir vehículos en Estados Unidos bajo esquemas que otorguen cierto nivel de protección a las compañías nacionales.
Fuentes cercanas a las negociaciones señalaron que la propuesta contempla la creación de empresas conjuntas en las que las automotrices estadounidenses mantendrían participación mayoritaria y compartirían tanto ganancias como tecnología con sus socios chinos.
Según información publicada en medios estadounidenses, el diálogo fue preliminar e informal, y que no existe aún una decisión concreta al respecto.
Este tipo de estructura replicaría, en sentido inverso, el modelo que China impuso a los fabricantes occidentales hace treinta años como requisito para poder producir en su territorio.
La intención de Ford surge en un contexto de creciente presión competitiva. China domina actualmente el mercado global de vehículos eléctricos gracias a una escala de producción sin precedentes.
Solo en el cuarto trimestre de 2025 registró casi 3 millones de unidades, lo que representó un aumento del 16% respecto al año anterior.
A su vez, las ventas globales superaron por primera vez los 4 millones de autos eléctricos, un hito que ha impulsado a varias marcas internacionales a buscar alianzas estratégicas con fabricantes chinos.
Volkswagen, Toyota, Kia, Stellantis y la propia Ford figuran entre las compañías que evalúan colaboraciones para acelerar su capacidad tecnológica en software, baterías y sistemas avanzados de asistencia al conductor, áreas en las que la industria china avanza con notable rapidez.
Mientras tanto, Estados Unidos ha mantenido una postura restrictiva hacia la entrada de vehículos chinos mediante aranceles elevados y propuestas de veto fundamentadas en riesgos de seguridad.
A pesar de ello, Farley planteó a la administración Trump la posibilidad de flexibilizar este escenario mediante asociaciones que permitirían a las marcas estadounidenses fabricar vehículos en territorio local junto a socios chinos.
La propuesta supondría una vía para evitar que la industria norteamericana quede rezagada detrás de un “telón de acero” comercial en un contexto de costos de producción notablemente más bajos en Asia.
La urgencia de Ford está respaldada por datos contundentes. En 2025, BYD superó por primera vez las ventas globales de la automotriz estadounidense, alcanzando más de 4,6 millones de unidades entre vehículos eléctricos e híbridos, frente a un volumen ligeramente inferior a 4,4 millones por parte de Ford.
Esta pérdida de cuota de mercado ha acelerado la búsqueda de soluciones no tradicionales.
En ese marco, Farley ya se reunió con funcionarios como el secretario de Transporte, Sean Duffy, y el administrador de la Agencia de Protección Ambiental, Lee Zeldin, para defender la necesidad de abrir la puerta a una cooperación que, según él, podría evitar un estancamiento industrial en Estados Unidos.
Además de las gestiones políticas, Ford ha avanzado en conversaciones con fabricantes específicos. Con BYD, la automotriz evalúa la compra de baterías para vehículos híbridos destinados a mercados fuera de Estados Unidos.
Paralelamente, una posible asociación con Geely contemplaría la utilización conjunta de plantas europeas infrautilizadas y el desarrollo compartido de tecnologías. En el ámbito doméstico, la compañía ya está implementando pasos concretos: a finales de este año comenzará a producir en Michigan baterías de litio-ferrofosfato (LFP) usando tecnología licenciada a la china CATL. Estas baterías serán centrales para la plataforma universal de vehículos eléctricos de Ford (UEV), que servirá de base para una nueva pickup eléctrica prevista para 2027.
